El Cadillac presidencial de Perón que fue restaurado

El vehículo adquirido por Juan Domingo Perón estuvo un tiempo en el olvido y fue restaurado por el Museo del Automóvil.

En esta 17° edición de Autoclásica, la exposición más prestigiosa de automóviles y motos clásicos de Sudamérica, el protagonista fue el Cadillac El Dorado II presidencial que fuera adquirido por Juan Domingo Perón, recientemente restaurado por la Comisión de Amigos del Museo del Automóvil.

El modelo es un Serie 62 Coupe Convertible del año 1955, que el General Perón jamás llegó a utilizar debido a que su arribo al país se produjo luego de su derrocamiento. Sí pudieron “disfrutar” de su extremo confort otros presidentes como Arturo Frondizi, Arturo Illia, y Raúl Alfonsín.

Mecánicamente cuenta con un motor V8 de 5.424 cm3 que entrega una potencia de 250 HP, acoplado a una transmisión automática HydraMatic de 4 velocidades. Además, capota y vidrios electrohidráulicos, butacas delanteras eléctricas y tapizado de cuero.

Protagonista de históricas ceremonias oficiales, el vehículo se encontraba en estado muy deteriorado, guardado en un galpón de la Quinta Presidencial, impidiendo, por ejemplo, que Mauricio Macri pudiera desfilar en él durante su asunción.

Su restauración fue encomendada al Museo del Automóvil para ser exhibido en el Museo de Casa Rosada. Sin embargo, Luis Spadafora, director del Museo, y el equipo de la Comisión de Amigos del Museo, tuvieron un plan más ambicioso: dejarlo listo en tiempo récord para que el vehículo pudiera lucirse en el Salón del Automóvil de Buenos Aires 2017.

El auto no arrancaba, presentaba importantes descuidos de chapa y pintura, y además tenía los tapizados y la capota en muy pobre estado.

La tarea de desarmado, restauración y preservación duró 10 meses y tuvo como epicentro el taller del Museo, ubicado también en el barrio porteño de Villa Real. No fue una tarea nada fácil si se tienen en cuenta que el auto no arrancaba, presentaba importantes descuidos de chapa y pintura, y además tenía los tapizados y la capota en muy pobre estado.

La intención de los restauradores fue conservar hasta el límite las piezas originales. El Cadillac era en su época un bien de lujo, un instrumento de movilidad sofisticado y exclusivo, pensado para millonarios. Para recuperar su imagen y mecánica de antaño, primero debieron imitar el color de la pintura: en una chapa ubicada en el motor hallaron el style 556267X -año de fabricación, 55; serie 62; modelo 67X-.

La patada del caballo de un Granadero había dejado su ira y su huella -su abolladura- en el capot. Una tranquera de la Sociedad Rural había dejado su firma -su raspón- sobre el costado de la carrocería. Detrás, el dominio figuraba en color blanco y números de época: 434676 y una placa de bronce con el escudo argentino se luce en una saga inmaculada.

Puede alcanzar 180 kilómetros por hora. Sólo recorrió poco más de 18 mil kilómetros. Mide de largo 6,8 metros. Tiene levantavidrios eléctrico y debajo de la óptica trasera izquierda se encuentra la boca para cargar combustible. Se reemplazaron los neumáticos, retazos del tapizado de cuero, el caño de escape, el tanque de nafta. Se sustituirá el sistema de motorización, frenos, dirección. Se mantuvieron intactos el tablero, las óptimas, los paragolpes, el chasis.

Aunque lo adquirió, Perón nunca lo tuvo. Al menos así lo acredita la leyenda del auto que sí está asociado a su nombre. Paradójicamente, el “Cadillac de Perón” nunca fue de Perón. La Revolución Libertadora interrumpió el 16 de septiembre de 1955 el proceso democrático en el país y privó el deseo del General de subirse al exótico modelo importado de Estados Unidos.

Sí lo utilizaron las autoridades que perpetraron el golpe de estado. Después desfiló por los consiguientes autoridades que decidieron el rumbo del país: Arturo Frondizi, Arturo Illia, Jorge Rafael Videla, Raúl Alfonsín -lo usó en su asunción- y hasta Hugo Chávez lo condujo en compañía de Julio De Vido por los jardines de Olivos en 2006. Perón ni siquiera se subió cuando recuperó el poder el 12 de octubre de 1973: celebró su regreso a bordo de un Rambler Ambassador fabricado por IKA. Antes, en 1951, el gobierno peronista había recibido un Cadillac 75 Limousine que el General sí utilizaba con frecuencia.

Volvió a exhibir su costado histórico cuando fue expuesto en la edición de Autoclásica de 2012. Su estado era impecable. Al menos para un ente inerte que carece de movilidad. Cuando asumió el presidente Mauricio Macri, quiso desfilar sobre este descapotable de innegable estirpe estadounidense. No pudo: los mecánicos lo desaconsejaron.

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